El Digital News Report 2026 del Reuters Institute for the Study of Journalism, publicado el 31 de mayo, documenta que durante las elecciones europeas de 2026 el volumen de contenido sintético —textos, imágenes y vídeos generados o alterados con IA— detectado en plataformas sociales del sur de Europa se multiplicó por cuatro respecto al ciclo anterior de 2024. El dato forma parte de la edición más exhaustiva del informe anual, que por primera vez incorporó una metodología específica para rastrear huellas de generación artificial en el contenido viral de campaña.
La cifra del Reuters Institute describe el volumen agregado en plataformas. Pero el hallazgo que más preocupa a los investigadores es el de la proliferación de sitios enteros de noticias construidos íntegramente por sistemas de IA sin intervención editorial humana. El Centre for Emerging Technology and Security (CETaS, adscrito al Royal United Services Institute de Londres) publicó en paralelo un estudio en el que documenta que el número de sitios web de noticias falsas generados íntegramente por IA se multiplicó por 60 entre enero de 2023 y enero de 2026. En 2023 el equipo de CETaS identificaba 49 sitios de este tipo; a principios de 2026 el censo superaba los 2.900. La mayoría imitan la estructura visual de medios locales legítimos y se dirigen a audiencias lingüísticas concretas. En Europa del sur, el castellano y el italiano son los idiomas más afectados.
La mecánica del nuevo ecosistema de desinformación es distinta a la que dominaba en 2016. Ya no se trata, principalmente, de historias falsas que circulan porque sorprenden o indignan —el modelo Cambridge Analytica—. Lo que documentan los informes de 2026 es una estrategia de saturación: inundar el espacio informativo con contenido plausible, suficientemente parecido al periodismo real como para confundir, pero suficientemente barato de producir como para replicarlo sin límite. «El objetivo no es que te crean una mentira», explicó a Foro la investigadora Elena Sanz, del grupo de Comunicación Digital de la Universitat Autònoma de Barcelona. «El objetivo es que dejes de creer nada. Esa es la condición previa que hace posible el autoritarismo».
La Unión Europea Radiofónica (EBU) publicó esta semana su propio barómetro con datos de 36 países europeos recogidos entre febrero y abril de 2026. El resultado más citado: el 45% de los ciudadanos europeos encuestados declaró tener dificultades para distinguir contenido generado por IA del producido por humanos, un aumento de 12 puntos respecto a 2024. En España el porcentaje sube al 51%. En Grecia e Italia, al 58% y 53%, respectivamente. Los países del norte —Dinamarca, Finlandia, Países Bajos— muestran cifras significativamente menores, en torno al 28-33%, lo que los investigadores atribuyen en parte a programas de alfabetización mediática implantados en la educación secundaria desde 2020.
Sin embargo, la confianza en el uso de la IA dentro de las redacciones sigue siendo marginal. El mismo Reuters Institute recoge que solo el 9% de los lectores confía plenamente en el periodismo producido con IA sin supervisión humana explícita, frente al 61% que declara confiar «bastante o mucho» en los medios tradicionales cuando publican informaciones verificadas manualmente. El dato plantea una paradoja para las redacciones que han integrado herramientas de generación asistida: la eficiencia que la IA ofrece puede erosionar precisamente el activo que distingue al periodismo de la desinformación —la confianza en que hay un humano que responde.
La respuesta regulatoria existe pero llega con retraso. El Reglamento de Servicios Digitales de la UE obliga desde 2023 a las grandes plataformas a etiquetar el contenido generado por IA y a proporcionar a los investigadores acceso a los datos de difusión. En la práctica, según el informe CETaS, las herramientas de etiquetado automático identifican correctamente entre el 40% y el 60% del contenido sintético —una tasa insuficiente cuando el volumen producido es de millones de piezas diarias—. La Comisión Europea anunció en marzo una revisión acelerada del cumplimiento del DSA por parte de Meta y TikTok, cuyas plataformas concentran el mayor volumen de desinformación electoral detectada.
Para Foro, la lectura de todos estos informes converge en un punto: la desinformación generada por IA no es solo un problema tecnológico. Es un problema de infraestructura democrática. Cuando el coste de producir ruido es casi cero y el coste de distinguir la señal del ruido es cada vez más alto, el periodismo que verifica, cita y firma no es un lujo editorial. Es la única respuesta estructural disponible.
Las afirmaciones factuales del discurso, contrastadas con verificadores independientes. Foro enlaza cada etiqueta a su fuente.
El Centre for Emerging Technology and Security (CETaS) del Royal United Services Institute publicó en mayo de 2026 su informe sobre ecosistemas de desinformación asistida por IA. El estudio documenta el crecimiento del número de sitios de noticias enteramente generados por IA: de 49 en enero de 2023 a más de 2.900 en enero de 2026. El informe distingue este universo de los medios legítimos que usan herramientas de IA para asistir en la edición o traducción.